Prometo no tirar la toalla nunca contigo, prometo llevar de la mejor manera cada una de tus maneras de ser, prometo no dejarte tirado nunca, prometo estar ahí siempre que me necesites, prometo transmitirte toda la confianza que pueda para que te des cuenta de que no estás tú solo en este mundo, que tienes a tu alrededor muchas personas que te quieren y en las que puedes confiar, prometo no intentar defraudarte nunca, prometo demostrarte día a día, hacerte ver todo lo que te digo, todo lo que me importas, todo lo que eres en mi vida. Que si tu estas mal yo lo estaré contigo… pero a cambio, prométeme que tú estarás siempre conmigo.
Vengo a delimitar nuestro contrato, a establecer unos límites. Vengo a pedirte que me quieras hasta que no puedas hacer otra cosa que me cuides cada día, me protejas y me hagas sentirme libre. Vengo a ser tu amiga y tu amante, tu mujer, tu compañera. Vengo a quedarme dormida entre tus brazos. Vengo a decirte que yo siempre voy a estar ahí esperando las dos de la mañana la llamada, el beso de buenas noches, la caricia debajo de las sábanas. Aguardaré las horas que hagan falta por unos minutos cerca y recordaré como tus manos acariciaban las mías mientras no podías dejar de mirarme.
A veces la suerte nos abandona de repente, sin explicación alguna y es entonces cuando sentimos que el mundo se acaba. Lo mismo pasa con el amor. Cuando la persona amada se va de nuestro lado creemos que nada puede ir peor, que todo aquello por lo que has luchado se desvanece y te quieres morir.
Pero un día, de repente, la suerte vuelve y con ella aparece esa persona que te devuelve la ilusión, las ganas de crear un nuevo castillo después del terremoto. Y te das cuenta de que sí… merece la pena la caída porque detrás siempre viene algo mejor.
Desconcertante , es la mejor palabra que podría definirte .
¿ Que por que ? pues porque no se como pero siempre consigues confundirme , un día puedo sonreir siendo tu la causa de esa sonrisa y otro día puedo estar desanimada siendo tu el culpable de ello , un día parece que todo vuelve a cambiar y al otro parece que no hay esperanzas de que vuelva a ocurrir , pero lo que realmente me desconcierta es esa manera que tienes de mirar o de sonreir , esa manera que tienes de dar importancia a las cosas cuando no la tienen y de pasar cuando son verdaderamente importantes. Son esas miradas que hacen que me sienta culpable cuando digo un no. Es esa rabia contenida por no tener fuerzas para decirte que quiero que me conozcas, que quiero conocerte de verdad porque eres como los icebergs, sólo ves el 10%, el otro 90% está bajo el agua y no lo ves. Y contigo es lo mismo, solo veo un trocito que sobresale por encima del agua. Y es que quedan tantas cosas por contarte y que me cuentes…
Todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas porque nadie más lo hará. Como cuando alguien entra en tu vida y una parte de ti dice: no estás mínimamente preparado para esto; pero la otra parte dice: hazla tuya para siempre.
Prefiero mil veces estar entre tus brazos que en los de cualquier otro. Prefiero tus besos por encima de todos. Prefiero tus ojos mirándome que unos cualquiera, de esos que no tienen chispa. Prefiero tu cama antes que la mia. Prefiero tus manos recorriendo mi espalda. Prefiero tu sonrisa. Prefiero que seas tú el que me encuentre cada mañana al otro lado de la cama. Prefiero estar contigo que cualquier otra cosa que pudiera hacer.
Hoy es uno de esos días en que uno sólo espera que alguien le diga algo bonito, algo que le saque de sus decepciones circulares de una historia de amor pasada de rosca o de la inquietud de esperar sentado un cambio de viento. Porque la mayoría de las cosas que terminan no te dejan cesantía y a veces resulta agotador tratar de ser tan fuerte y saber las pocas probabilidades de que este jueves nos deje un final de cine entre las sábanas. Uno de esos días en que uno tiene ganas de cambiar de domicilio para instalarse en un presente más amable porque a veces la vida es injusta y te secuestra un invierno áspero y el porvenir es sólo un niño mal vestido al que hace falta sólo un gesto para cambiar de traje, justo ese gesto que hoy soy incapaz de encontrar.
Te sentaste justo al borde del sofá como si algo allí te fuera a morder. Dijiste: “Hay cosas que tenemos que aprender, yo a mentir y tú a decirme la verdad, yo a ser fuerte y tú a mostrar debilidad, tú a morir y yo a matar.” Y después se hizo el silencio y el silencio fue a parar a una especie de pesada y repartida soledad, y la soledad dio paso a un terror que hacia el final nos mostró un mundo del que ninguno quisimos hablar. Y así eran nuestras noches y así era nuestro amor, comenzaba en el silencio, continuaba en el terror, y otra vez de allí al silencio. Dime, ¿para qué hablar de lo que pudo haber sido y de lo que jamás será, tratando de adivinar qué fue eso que hicimos tan mal?
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Hay cosas que están en tu vida por miedo, por miedo a que si las deshechas quizás llegue un día en que las necesites y ya no estén nunca más, y de repente un día, te armas de valor y decides que ya no pinta nada en tu armario que es el momento de deshacerse de ello, que si en algún momento lo necesitas buscarás la manera de encontrar otro, no igual pero quizás mejor, que cumpla la misma función.
Pero no solo pasa con las cosas, sino también con las personas… hay gente que sigue estando en tu vida porque tienes miedo de que ya no esté y entonces sea cuando realmente echas en falta sus palabras o sus historias que hacen que sientas que aún queda algo por lo que mantener viva esa relación. Es entonces, cuando un día te das cuenta de que realmente no necesitas que esa persona siga en tu vida, que puedes perfectamente vivir sin ella y que encontrarás otra, no igual pero quizás mejor, que cumpla la misma función y te haga sentir que realmente merece la pena luchar por mantenerla a tu lado.
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